Conclusiones filosóficas: prisma de la paternidad

  
   -Tú lees en mi corazón -repuso Siddharta-. A menudo lo he pensado. Pero dime, ¿cómo puede vivir en ese mundo, teniendo el corazón tan duro? ¿No se sentirá superior? ¿No se volverá disoluto, no se perderá entre los placeres y el poder? ¿No repetirá los errores de su padre? ¿No se hundirá para siempre en el Sansara?
    La sonrisa del barquero se iluminó. Suavemente oprimió el brazo de Siddharta y declaró:
   -¡Pregunta al río, amigo! ¡Escucha su risa! ¿Realmente crees que has cometido tú esas necedades para ahorrárselas a tu hijo? ¿Acaso puedes protegerlo contra el Sansara? ¿Y cómo? ¿Con la doctrina, con oraciones, advertencias? Amigo, ¿has olvidado totalmente aquella historia, la del hijo de un brahmán, llamado Siddharta, que me contaste, aquí mismo? ¿Quién ha protegido del Sansara al samana Siddharta? ¿Quién del pecado, de la codicia, de la necesidad? ¿Lo pudo custodiar la piedad de su padre, las advertencias de los profesores, sus propios conocimientos, su propia búsqueda? ¿Qué padre o qué profesor han conseguido evitar que él mismo viva su vida, se ensucie con la existencia, se cargue de culpabilidad, beba del brebaje amargo, encuentre su camino? Amigo, ¿acaso creías que ese camino se lo podías ahorrar a alguien? ¿Quizás a tu hijo, porque lo amas y desearías ahorrarle penas, dolor y desilusiones? Aunque te murieras diez veces por él, no conseguirías apartarlo en lo más mínimo de su destino.


Siddharta, de Hermann Hesse




Comentarios

dulce dijo…
Moriría mil veces, no por apartarle de su destino sino porque mi destino es morir por él si es preciso.
FGC dijo…
Y curiosamente (me lo ha dicho un pajarito), tu destino es vivir por él, para encontrar en ti ese hombro donde llorar por las desilusiones de la vida, o esa amiga y madre con la que festejar las cosas lindas que le deparará el destino.

Aún necesita tu doctrina y advertencias, y sobre todo el cariño que siempre buscará en una madre que lo quiere con locura, una madre que es maravillosa.