"LOS DE ABAJO"

   Al mediodía, cuando la calina sofocaba y se obnubilaba la vista, con el canto incesante de las cigarras se oía  el quejido acompasado y monocorde del herido.
   En cada jacalito escondido entre las rocas abruptas, se detenían y descansaban.
   -¡Gracias a Dios! ¡Un alma compasiva y una gorda copeteada de chile y frijoles nunca falta! -decía Anastasio Montañés eructando.
   Y los serranos, después de estrecharles fuertemente las manos encallecidas, exclamaban:
   -¡Dios los bendiga! ¡Dios los ayude y los lleve por buen camino!... Ahora van ustedes; mañana correremos también nosotros, huyendo de la leva, perseguidos por estos condenados del gobierno, que nos han declarado guerra a muerte a todos los pobres; que nos roban nuestros puercos, nuestras gallinas y hasta el maicito que tenemos para comer; que queman nuestras casas y se llevan nuestras mujeres, y que, por fin, donde dan con uno, allí lo acaban como si fuera perro del mal.
   Cuando atardeció en llamaradas que tiñeron el cielo en vivísimos colores, pardearon unas casucas en una explanadas, entre las montañas azules. Demetrio hizo que lo llevaran allí.

MARIANO AZUELA


Orozco, "Soldaderas" para la revista The Underdogs, 1929

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